El Espejismo de Enero: Por Qué Tus Propósitos No Sobreviven Febrero
Cada diciembre hacemos lo mismo. Nos sentamos con nuestra libreta nueva, escribimos una lista de todo lo que seremos y haremos el próximo año, y nos vamos a dormir convencidos de que esta vez sí será diferente. Que el 1 de enero algo mágico sucederá y nos transformaremos en esa versión disciplinada, organizada y enfocada que siempre hemos querido ser.
Pero febrero llega, y con él, la realidad.
El gimnasio ya empieza sentirse pesado. El curso online que compraste sigue en la lección tres. Los libros que ibas a leer están apilados, acumulando polvo y culpa a partes iguales. Y una voz en tu cabeza se hace la pregunta: Cuál es mi problema?
En realidad nada está mal contigo, si puede ser que la falta disciplina sea un factor, sin embargo hay algo detrás de todo esta resistencia que va más allá que la pereza.
El Error del 1 de Enero
Algunas personas ven los propósitos de año nuevo como si fueran contratos mágicos. Como si el simple acto de escribirlos les garantizará la motivación. Ay la motivación y nuestra obsesión por sentirla para actuar!
La realidad es que, si pretendemos usar 'las ganas' como el motor que nos moviliza, ya nos estamos poniendo el pie nosotros mismos. La motivación es un recurso, sí, pero uno sumamente inconsistente. Es como el clima: algunos días sale el sol y otros llueve; por eso, construir tus metas sobre la motivación es como levantar una casa de arena esperando que nunca llueva.
En el momento en que escribimos nuestros propósitos, lo hacemos cargados de energía y buenos deseos, pero en ese proceso no solo nos ponemos metas, también nos saboteamos. Es como si, por un instante, olvidáramos que cuando el reloj marque las doce, nuestras obligaciones, esas que realmente nos quitan el sueño y el tiempo; no van a desaparecer.
Escribimos planes como si, mágicamente, el día fuera a parir dos horas extra o como si despertáramos con una jarra de Red Bull conectada a la vena para poder con todo. Ignoramos que el primero de enero seguiremos teniendo la misma vida, pero con una lista de auto-exigencias mucho más pesada.
Y seamos sinceros: de las diez resoluciones que anotamos para este año, la mayoría ni siquiera son importantes para nosotros. Son importantes para Instagram, para demostrar que estamos al día con el último trend de TikTok o para encajar en lo que se supone que debemos querer.
Si no hay un beneficio real para nuestra vida, algo que podamos palpar en una pequeña victoria a corto plazo, ¿para qué nos molestamos? Si la meta no nos da un 'win' real en el día a día, terminará siendo solo una carga más en la lista de cosas que nunca hicimos, y que terminará agregando un ítem a la lista : 10 razones por las que no soy suficiente .
¿Reconoces este patrón?
Cuando escribes esa lista estás operando en un estado emocional elevado, casi eufórico. Es una versión optimista que subestima la fricción de la vida real. No considera los días difíciles en el trabajo, el cansancio acumulado, las emergencias familiares, o simplemente el agotamiento de intentar ser alguien completamente diferente, ( o porque no decirlo , un ideal perfecto y por ende inalcanzable)
El Verdadero Cambio Es Lento y Aburrido
Por otro lado, tenemos a nuestras amigas: las expectativas. Armamos una ilusión de cómo nos veremos después del cambio; nos imaginamos lo emocionante y perfecto que será todo. El problema es que el proceso de cambio (el que realmente se sostiene en el tiempo) no es un giro de 180 grados que ocurre de la noche a la mañana. Es, en realidad, la suma de pequeños avances sostenidos, muchas veces invisibles.
Cuando pasan tres semanas y nos damos cuenta de que no nos parecemos a esa imagen mental que creamos, la motivación se transforma mágicamente en un pensamiento derrotista: '¿Y para qué sigo haciendo esto?'. Nos saboteamos porque no aprendemos a valorar el proceso lento y nos rendimos justo antes de que los pequeños avances empiecen a notarse.
Entonces, Cómo creo un propósito que se mantenga?
1. Empieza e pequeño
Y cuando digo pequeño, tan pequeño que te de tantita pena que ese va a ser tu primer paso. Por ejemplo: ¿Quieres leer más? No digas "leer 50 libros". Di "leer 2 páginas al día". ¿Quieres hacer ejercicio? No digas "ir al gimnasio 5 veces por semana". Di "ponerme mis zapatos deportivos y salir de casa".
La clave no es la ambición del objetivo, es la consistencia de la acción. Un hábito microscópico que haces todos los días construye más cambio que un objetivo enorme que abandonas en tres semanas. Luego a partir de esos pequeños cambios vas agregando un grado más de complejidad, vas lento pero seguro hacia tu objetivo.
2. Ancla tus hábitos a tu vida real
Vas a ejecutar tus propósitos dentro de tu vida actual, con su caos y sus limitaciones. Pregúntate: ¿Dónde específicamente va a encajar esto en mi rutina? ¿Cuándo exactamente voy a hacerlo?
"Voy a meditar después de cepillarme los dientes" es mucho mejor que "voy a meditar más".
3. Diseña para tus peores días, no para tus mejores
Todo el mundo puede mantener sus hábitos cuando están motivados. El verdadero test es: ¿puedes mantenerlo en tu peor día?
Si tu plan de ejercicio requiere 90 minutos en el gimnasio, ¿qué haces el día que solo tienes 15 minutos? Si no tienes una respuesta, tu plan va a fallar. Diseña versiones reducidas de tus hábitos para los días difíciles. La versión mínima viable de tu objetivo.
4. Mide el proceso, no solo el resultado
"Bajar 10 kilos" te puede decepcionar cada día que te subes a la báscula. "Trotar 20 minutos diarios" o “Trotar 100 metros más cada día” te da una victoria cada día, y un avance grande a largo plazo.
El resultado vendrá como consecuencia del proceso. Pero el proceso es lo único que realmente controlas.
5. Acepta que vas a fallar (y que está bien)
El perfeccionismo mata más sueños que el fracaso. Te vas a saltar días. Vas a romper la racha. Vas a comer la pizza. Vas a quedarte dormido y no ir al gimnasio.
La diferencia entre quienes logran sus metas y quienes no, no es que los primeros nunca fallen. Es que cuando fallan, vuelven al siguiente día como si nada. No se castigan, solo siguen. Entiende algo: no estamos diseñados biológicamente para el cambio, estamos hechos para buscar la comodidad. Es nuestro instinto. Por eso, cuando intentas mejorar, básicamente estás nadando contracorriente; así que, por favor, sé bueno contigo en el proceso.
El Verdadero Propósito
Cómo se menciona en el libro “Hábitos Atómicos” de James Clear, el 1% mejor cada día es 37 veces mejor al final del año. No necesitas cambios heroicos. Necesitas cambios microscópicos que puedas mantener.
Este año, en lugar de hacer una mega lista de todo lo que vas a ser, pregúntate: ¿Qué es lo más pequeño que puedo hacer que generaría el mayor impacto?
Y luego hazlo.
Mañana, hazlo otra vez.
Y al día siguiente, una vez más.
En conclusión tal vez el verdadero propósito de año nuevo no debería ser convertirte en alguien distinto. Tal vez debería ser construir sistemas que te permitan alcanzar tus metas, o simplemente aprender a seguir insistiendo a pesar de todo. Quizás el propósito de este año sea ser un poco más necios (en el buen sentido de la palabra).
Ser necios con nuestros sueños, necios con volver a empezar después de fallar y necios con no dejar que la comodidad nos gane la partida. Al final, el éxito no es de los que nunca se equivocan, sino de los que son lo suficientemente necios como para no rendirse jamás.
“El agua perfora la roca no por su fuerza sino por su constancia.”

